Si
bien se tienen pocas noticias acerca de los pueblos que
habitaban en la Antigüedad las islas, se sabe que
antes del calciolítico había en el Wiltshire
culturas avanzadas, con las cuales se relaciona la construcción
de los hermosos monumentos megalíticos como Stonehegen,
que corresponden a un período de transición,
en que nuevas invasiones procedentes de Europa continental
introdujeron el uso de instrumentos de cobre o bronce.
Cuando César emprendió la conquista de la
Bretaña, la ocupaban los celtas pasados de la Galia,
y una porción de tribus aborígenes semisalvajes
y belicosas que opusieron seria resistencia a las legiones
romanas. En el siglo V los romanos abandonan la Bretaña,
que fue invadida por los anglos y sajones. En el reinado
de Egberto el Grande la invadieron los daneses, que lograron
sojuzgar el país e imponerles sus reyes de 1017
a 1042.
En esa fecha Eduardo el Confesor logra restablecer la
monarquía anglosajona; pero al morir él
en 1066 le disputa la corona a su cuñado y sucesor
Haraldo II el duque de Normandía, Guillermo el
Conquistador, que pasó a Inglaterra, derrotó
a su rival en Hastings y se proclamó rey, fundada
la dinastía normanda. En 1154 entra a reinar la
dinastía engevina con Enrique II Plantagenet (1154-1189).
Sube después al trono Ricardo Corazón de
León (1189-1199), que fue uno de los caudillos
de la 3ª Cruzada y pereció en la guerra que
sostuvo contra Felipe Augusto de Francia. Juan Sin Tierra
(1199-1216), hermano y sucesor de Ricardo, provocó
la rebelión del clero y de los barones y tuvo la
Carta Magna. Eduardo III dio comienzo a la guerra de las
Dos Rosas, que se prolongó durante los reinados
de Eduardo IV (1422-1461) y Ricardo III (1483-1485). Muerto
éste último en la batalla de Bosworth, fue
proclamado rey Enrique VII (1485-1509), con el que entró
a reinar la dinastía de los Tudor.
Éstos favorecieron la Reforma y fundaron el poderío
marítimo de la Gran Bretaña; Enrique VIII
(1509-1547) constituyó la Iglesia anglicana. Durante
el reinado de Enrique VI (1547-1553) menor de edad, Somerset
estableció el protestantismo; y aunque Juana Grey
(1553), rechazada por los católicos, sólo
fue reina unos días y María I (1553-1558),
persiguió a los protestantes, la religión
reformada triunfó de nuevo con Isabel (1558-1603)
que estableció definitivamente el anglicanismo.
En este reinado comienza el poderío marítimo
y colonial de Inglaterra; toman gran vuelo su industria
y su comercio y alcanza su apogeo la literatura, pero
también triunfa el régimen absoluto. A los
Tudores suceden los Estuardos. Jacobo I (VI de Escocia),
hijo de María Estuardo, reinó de 1603 a
1625 y unió definitivamente bajo un solo cetro
las coronas de Escocia e Inglaterra; pero con su absolutismo
y su resistencia a reconocer los derechos del Parlamento
preparó la guerra civil, que ardió en el
reinado de su hijo Carlos I (1625-1649) y costó
a éste la corona y la vida.
Se estableció la República parlamentaria
(1649-1653), cuyo poder supremo se confió luego
a Oliverio Cronwell con el título de protector
(1659-1660). Fueron restaurados los Estuardos en el trono.
El desdichado gobierno de Carlos II (1660-1685) y de Jacobo
II (1685-1689) los hizo impopulares y acarreo la Revolución,
quien inauguró en Europa el derecho político
moderno y dejó sentir su influencia, cien años
más tarde, en la Revolución francesa. El
Parlamento ofreció al corona a Guillermo III de
Orange (1689-1702), que reinó juntamente con su
esposa María I, hija de Jacobo II, depuesto y fugitivo
en Francia; y a Guillermo lo sucedió Ana (1703-1714),
otra hija de Jacobo, en cuyo reinado se estableció
la íntima unión de Inglaterra y Escocia.
Muerta Ana sin sucesor, pues todos sus hijos habían
muerto antes que ella, pasó la corona a la casa
de Hannover, que es la que actualmente reina y cuyos reyes
han sido hasta la fecha los siguientes: Jorge I (1714-1727);
Jorge II (1727-1760); Jorge III (1760-1820), a cuyo reinado
corresponden la independencia de las colonias de América
del Norte (Estados Unidos), la creación del vasto
imperio de las Indias, la Revolución francesa y
las alianzas contra la República y el Impero la
insurrección de Irlanda y su fusión política
con la Gran Bretaña, con el nombre de Reino Unido
de la Gran Bretaña e Irlanda; Jorge IV (1820-1830);
Guillermo IV (1830-1837), en cuyo reinado se hizo la importante
reforma parlamentaria, se abolió la esclavitud
de los negros, y se reformaron las leyes sobre el pauperismo;
Victoria (1837-1901), en cuyo largo reinado se extiende
más y más el Imperio británico y
florecen las letras, ciencias y artes, la industria y
el comercio; Eduardo VII (1901-1910), que a fin de mantener
el imperialismo británico o supremacía política
y comercial de la Gran Bretaña, en todos los países
del Globo, y celoso de la amenazadora preponderancia de
Alemania, recabó alianzas poderosas para poder
hacer frente a la Triple Alianza el día del gran
choque, que ya se avecinaba y él sagazmente previó;
Jorge V. que subió al trono en el año 1910
y reinó hasta 1936.
A éste le tocó en suerte intervenir en la
gran contienda europea que estalló en el año
1914, para defender el citado imperialismo británico
contra el imperialismo alemán. Vencieron en la
guerra Gran Bretaña y sus aliados y, al restablecerse
la paz, los irlandeses, amparándose en el derecho
concedido a las pequeñas nacionalidades a gobernarse
por sí mismas, solicitaron su independencia. Viéndose
desatendidas, se alzan en armas, hasta que, en 1921, se
llegó a un acuerdo por el cual se consideraba a
Irlanda como un dominio. Más tarde, los lazos ya
débiles, que unían al Estado Libre de Irlanda
con el Reino Unido, fueron aflojándose hasta llegar
a la separación definitiva que tuvo lugar en 1949
con la constitución de la República Irlandesa
como Estado independiente, quedando sólo afectada
al Reino Unido la Irlanda Septentrional, constituida por
seis condados de la provincia de Ulster.
Muerto Jorge V a fines de enero de 1936, fue proclamado
rey su hijo Eduardo, príncipe de Gales, que subió
al trono con el nombre de Eduardo VIII pero que reinó
por poco tiempo, pues en diciembre del mismo año,
y por razones de índole sentimental (para poder
casarse con una divorciada norteamericana), abdicó
en la persona de su hermano Alberto, duque de York, quien
le sucedió en el trono con el nombre de Jorge VI.
El 1 de septiembre de 1939 Alemania ataca a Polonia y
dos días después Gran Bretaña y Francia,
en virtud de los acuerdos subscritos con Polonia, declararon
la guerra a Alemania, empezando así la Segunda
Guerra Mundial, que duró hasta 1945.
Vencieron de nuevo los aliados enemigos de Alemania, y
entonces Gran Bretaña se unió a las demás
naciones en la organización de la paz mundial,
coincidiendo muchas veces sus puntos de vista con los
de los Estados Unidos. En 1951, el partido laborista que
se hallaba en el poder desde la terminación de
la gran contienda y bajo cuyo régimen se agrietó
profundamente el Imperio británico y sufrió
gran menoscabo el prestigio de Inglaterra, hubo de ceder
el puesto a conservadores en el gobierno de la Gran Bretaña.
Jorge VI murió en el año 1952 y le sucedió
en el trono su hija Isabel Alejandra María, que
tomó el Nombre de Isabel II. Durante el reinado
de ésta, Gran Bretaña perdió el control
del Canal de Suez y vio desmembrarse su imperio colonial,
si bien buena parte de sus antiguas colonias pertenecen
actualmente a la Mancomunidad Británica.
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